jueves, 1 de mayo de 2014

Mis influencias (1): Pokémon

Como cualquier persona en cualquier rama del arte (supongo), yo he tenido varias influencias a lo largo de mi vida. Y, del mismo modo que me parece interesante conocer cuáles han sido los entornos de los dibujantes que me gustan y qué ha participado en que evolucionen de una forma determinada, creo que sería curioso hablar de las mías.

Descartando posibles series que pudiera ver a más temprana edad, considero que la primera realmente importante fue una saga que tuvo una importancia tremenda en su campo y que, curiosamente, nació el mismo año que mi generación (o al menos eso pone al encender cualquier videojuego). Esta saga es Pokémon.



Un mundo donde conviven personas y un puñado de criaturas con extraños poderes de la naturaleza. Una idea que, sumada a gran cantidad de diseños que me encantaban, entró de pleno en mi vida.

Tendría unos cuatro años cuando la oí por primera vez. Aunque el nombre de Pikachu o Pokémon por aquel entonces me era algo indiferente hasta que vi la serie de dibujos en la televisión. Mi padre también había oído hablar de la franquicia (probablemente por compañeros de trabajo cuyos hijos eran aficionados a ella) y, casi milagrosamente, vi el primer capítulo sin estar la serie empezada (al menos antes, solía enterarme de las series después de su estreno y se me hacía rarísimo empezarlas desde el inicio). No recuerdo muy bien cuál fue mi impresión, sé que Pikachu electrocutaba unas cuantas veces a Ash y supongo que solté alguna carcajada.

Seguí viendo la serie y, la verdad, resultó ser un boom en, al menos, las clases de parbulario. Me aprendí el opening de memoria (y sigue clavado en mi cerebro) y me volví un auténtico fan de la serie. Y ahí apareció una criatura que adoré desde el primer momento: Charizard. Supongo que encontrar seguidores de ese bicho es lo más habitual del mundo y que de original tiene poco. Pero meh, me encantaba. Tenía un cromo "gigante" (al menos mayor que el de la colección ¿oficial? de cromos) con la ilustración de la Edición Roja (la imagen de abajo) e incluso mi padre me compró un muñeco de Charmander, su primera evolución.




Y, aunque ese Charmander estrenó la colección de figuritas, con el tiempo muchas más fueron llegando a casa, con las que jugaba habitualmente con mi hermana (otra gran fan de la serie). Curiosamente, y aunque antes ya hacía garabatos, Pokémon fue una de las razones con mayor peso que me impulsaron a dibujar... incluyendo pequeños inventos. Junto con mi hermana creamos los Rokémon (por la originalidad del nombre deduzco que hubo unos cuantos miles de millones de niños que hicieron lo mismo). En ellos tampoco había gran cosa, algunos diseños de monstruos que tenían su gracia y que de vez en cuando encuentro removiendo algún cajón.

Pero mi fiebre Pokémon no terminó aquí, no.


Pokémon, tras su enorme éxito, no iba quedarse con los brazos cruzados y, un tiempo después, salió la segunda generación de la franquicia, los "nuevos Pokémon". Aunque antes de probar los videojuegos o siquiera ver la temporada correspondiente al anime, tanto en la primera como en la segunda película de la saga pudimos ver algunos monstruos adelantados a su generación. Pokémon como Marill me llamaron la atención, aunque, sin duda, el que más me atrajo fue:


Lugia. Me enamoré de ese bicho nada más verlo y, a día de hoy, sigue siendo un diseño que adoro. Me pasaba el día dibujando Lugias y en el colegio, los otros chicos me veían como el que "dibuja perfectamente los Lugias". De hecho, más de una vez recibía pedidos para que les dibujara uno.

Con la llegada del anime la cosa siguió su curso. "The Johto Journeys", con una ambientación mucho más acogedora, nuevos Pokémon con un estilo que me gustaba 10 veces más y un Lugia que aparecía los primeros segundos del opening (porque en lo que vi de la serie ni en la sopa) no hicieron más que alimentar mi fiebre Pokémon. Y, a los 6 años, ya con la capacidad de leer, una Game Boy Color y un Pokémon Edición Plata llegaron a mi casa.



Encendí la consola y no entendí qué pasaba. Vi la introducción, súper molona con ese Lapras surcando el mar y un Charizard lanzando llamas al final. Luego la silueta negra de un Lugia nadando bajo el mar. Intenté controlarlo con la cruceta de control aunque no pasó nada de nada (efectivamente, no tenía ni puñetera idea de qué iba el juego, mi motivación para pedirlo por reyes fue que era de Pokémon y había un Lugia en la portada). Al final, tras pulsar botones al azar, empezó el videojuego. Me preguntaron por mi nombre y puse Plata, pensando que sería la "respuesta correcta" o algo así. Luego me convertí en persona (¿qué? ¡yo quería ser un Lugia!) hasta que me "tocó" un Cyndaquil (no, no sabía que se podía elegir) y luego lo comprendí todo: ¡en este videojuego yo iba a hacer de Ash!

Y en este momento empezó el vicio. Capturando bichos aleatoriamente, quedándome encallado con cosas por no leer y completando la Liga tras muchísimas horas de juego. ¡Y lo emocionante que fue el encuentro de Lugia! Duró cuatro segundos porque quise gastar la Masterball aunque luego fui a enseñárselo a todo el mundo. Luego llegué a Kanto, me enfrenté a Rojo y subí un bicho al 100. Se lo pasé a mi hermana y reinicié la partida para conseguir el resto de iniciales para, al final, volver a hacer lo mismo. Horas y horas quedaron metidas en ese cartucho... que desgraciadamente perdió la capacidad de guardar al agotarse la pila interna años después.

Hubo algunas temporadas en las que no jugué y me centré en otras cosas, aunque nunca dejó de gustarme. Desgraciadamente para mí, nunca llegué a poseer una Game Boy Advance para jugar a la 3ª generación, aunque con la aparición de la GameCube en casa pude probar Pokémon Colosseum, juego que cumplió muy bien su papel.

Un Pokémon en 3D a modo de RPG, con un uso muy intenso de combates dobles. El juego me pareció bastante divertido, y me gustaba la mecánica de atrapar Pokémon Oscuros. Aun así, me marcó relativamente poco.

Más tarde llegó "Pokémon XD: Tempestad Oscura". Un poco más de lo mismo. El juego, aunque poseía mejores gráficos y el estilo RPG estaba más logrado, perdía todo el tono oscuro del anterior y, a pesar de que Lugia me encantaba (mascota del juego), tampoco me atrapó.

Tiempo después, llegó a mis manos una Nintendo DS y, antes de comprar juegos de la misma consola, como buen "fan", cayó Pokémon Esmeralda.


Este juego lo disfruté muchísimo. De hecho, considero que la tercera generación de la saga principal es de lo mejorcito que se ha hecho tanto en estilo RPG como en añadidos e innovación. El desarrollo es, probablemente, el mejor que he visto nunca (sin llegar a ser excepcional, es bastante normalillo dentro del género). La historia tiene cierto jugo, y todo el movimiento por la región es muy entretenido y aporta mucha libertad. Aparte de esto, mete gran cantidad de criaturas nuevas y repite bastante poco los anteriores, dando un aire mucho más "novedoso" con respecto a los anteriores de la saga. Además, cosas como las bases secretas, concursos o el Frente Batalla alargaban mucho la vida del juego.

Me vicié. Entrené muchísimos bichos y tuve un equipo con todos al nivel 100. En el Frente me encallé varias veces, aunque cuando venía un amigo siempre echábamos algunas partidas e intentábamos completar la Pokédex.



Más tarde llegó la cuarta generación y Pokémon Diamante cayó... Juego que, aunque disfruté, me decepcionó un poco y solo he jugado una vez. Al menos, por suerte, era un juego en el que podía tener conexión con los demás, intercambiando y combatiendo... Pero los niños querían ser mayores y gran parte de mi clase se alejó de la saga por ser algo "infantil". Es gracioso que años después hayan vuelto a la saga jugando con el móvil y disfruten como enanos, pero ahí ya no me meto. Yo al menos no renuncié a lo que me gustaba (como algún que otro amigo) y seguí con la saga sin problemas.

Luego anunciaron la quinta generación. El juego no me atrajo nada, en absoluto. El aspecto gráfico no me llamaba y lo encontraba hasta feo, aunque tras salir en Japón, leer varios análisis y spoilearme de los nuevos bichos que llevaba... quise darle una oportunidad.



 Y me alegro de haberlo hecho. Tiene una cantidad inmensa de Pokémon nuevos, los suficientes como para llenar la región exclusivamente de ellos. La saga sufre un cambio de estilo que a muchos no les gustó, aunque, personalmente y a pesar de que el anterior me gustaba más, muchos de ellos se convirtieron en mis favoritos.

El desarrollo me pareció muy, muy entretenido, a la altura de la tercera generación. Personajes como N me parecieron muy chulos y que le daban cierto toque ético a la saga. Aunque se le echa en falta un mayor juego de MOs y puzles, me gustaron mucho y los he rejugado bastante.

Desgraciadamente, por aquel entonces yo ya tenía ¿15 años? Y bueno, ya prácticamente ningún amigo seguía la saga. Por Internet encontré gente y había algún amigo con el que sí jugué, pero toqué muy poco el multijugador.



A día de hoy, el concepto aún sigue gustándome: a pesar de los altibajos, la saga siempre me ha parecido entretenida. Ahora ya van por la 6ª generación con 720 monstruos que atrapar y unas curiosas MegaEvoluciones para algunos de ellos. Igual pierdo el interés con el tiempo y, lo cierto es que nunca he sido tan aficionado a la serie como cuando tenía 6 años, pero quién sabe. De vez en cuando cojo algún cartucho o tarjeta y hago algunas partidas y bien que me sientan. Me es imposible no tenerle cierto aprecio especial a esta saga.

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